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Artículo 5 feb, 04:16

El japonés que escribió desde la perspectiva de un gato y terminó en los billetes: La vida salvaje de Natsume Soseki

Imagina que eres tan brillante que tu gobierno te envía a estudiar a Londres, pero en vez de disfrutarlo, te deprimes tanto que casi pierdes la cabeza. Luego regresas a casa, decides que la academia es un asco, y te pones a escribir novelas que revolucionan toda la literatura de tu país. Ah, y tu primera obra maestra la narras desde el punto de vista de un gato callejero que se burla de los humanos. Eso, amigos, es Natsume Soseki en una cáscara de nuez.

Hoy se cumplen 159 años del nacimiento de este genio excéntrico, y si no lo conoces, permíteme decirte que estás perdiéndote a uno de los escritores más fascinantes que haya existido. No solo porque su cara estuvo en los billetes de mil yenes durante décadas, sino porque logró algo que muy pocos han conseguido: hacer reír y llorar a generaciones enteras mientras les mostraba las contradicciones más incómodas del alma humana.

Nacido en 1867 en Tokio como Natsume Kinnosuke, su vida empezó con el pie izquierdo. Sus padres, ya mayores cuando él nació, básicamente lo regalaron a una pareja que lo crió como hijo adoptivo. Luego lo devolvieron. Sí, como quien devuelve un electrodoméstico defectuoso. Este trauma de abandono lo marcaría para siempre y alimentaría esa melancolía profunda que impregna toda su obra. Porque seamos honestos: los escritores felices rara vez escriben cosas interesantes.

Su talento era innegable. Dominó el inglés hasta el punto de que el gobierno Meiji lo becó para estudiar literatura inglesa en Londres entre 1900 y 1903. Pero aquí viene lo bueno: Londres lo destruyó psicológicamente. Vivía en cuartos miserables, se sentía profundamente alienado, y desarrolló lo que hoy probablemente diagnosticaríamos como depresión severa. Sus compañeros japoneses reportaban que se había vuelto ermitaño y extraño. Algunos pensaban que había enloquecido. La ironía es brutal: fue enviado a absorber la cultura occidental, y lo que absorbió fue una crisis existencial monumental.

Cuando regresó a Japón, se convirtió en profesor universitario, pero odiaba la academia con pasión. La consideraba hipócrita y asfixiante. Entonces, en 1905, casi por accidente, escribió "Soy un gato" (Wagahai wa Neko de Aru). La premisa es delirante: un gato sin nombre observa a su dueño, un profesor mediocre, y a sus amigos intelectuales, y se burla despiadadamente de todos ellos. El gato es arrogante, filosófico y despectivo. Es básicamente el primer influencer sarcástico de la historia, solo que con cuatro patas y bigotes.

La novela fue un éxito rotundo, y Soseki descubrió que podía vivir de escribir. Al año siguiente publicó "Botchan", una sátira sobre un joven maestro de Tokio enviado a una escuela rural donde todos son corruptos e hipócritas. El protagonista es impulsivo, honesto hasta la brutalidad, y completamente incapaz de jugar los juegos sociales que todos a su alrededor dominan. Es como si Soseki hubiera canalizado toda su frustración con la sociedad japonesa en un personaje que dice todo lo que uno quiere gritar pero no puede.

Pero su obra maestra llegó en 1914 con "Kokoro", que significa "corazón" o "mente" en japonés. Esta novela es una puñalada directa al alma. Cuenta la historia de un joven que entabla amistad con un hombre misterioso al que llama "Sensei", quien carga con un secreto terrible que lo ha convertido en un recluso emocional. Sin spoilers, pero digamos que involucra traición, culpa, y un final que te deja mirando la pared durante horas. Kokoro captura perfectamente la tensión entre el Japón tradicional y la modernización forzada, entre el individuo y la sociedad, entre el deber y el deseo.

Lo que hace único a Soseki es su capacidad para ser simultáneamente accesible y profundo. No escribía para impresionar a los críticos con prosa impenetrable. Escribía para conectar, para hacer que el lector se reconociera en sus personajes torturados. Sus novelas hablan de soledad, de la imposibilidad de comunicación verdadera entre las personas, del peso aplastante de las expectativas sociales. Temas que, 159 años después de su nacimiento, siguen siendo dolorosamente relevantes.

Su influencia en la literatura japonesa es comparable a lo que Cervantes representa para el español o Shakespeare para el inglés. Prácticamente inventó la novela moderna japonesa. Antes de él, la ficción japonesa estaba dominada por estilos tradicionales que no exploraban la psicología individual con la misma profundidad. Soseki trajo el realismo psicológico occidental pero lo filtró a través de una sensibilidad inequívocamente japonesa.

Murió en 1916, a los 49 años, de una úlcera estomacal. Dejó su última novela, "Luz y oscuridad", incompleta. Durante los últimos años de su vida, reunía a jóvenes escritores en su casa todos los jueves, creando un círculo literario que produciría a varios de los grandes autores japoneses del siglo XX. Era generoso con su tiempo y su conocimiento, a pesar de sus propios demonios internos.

Así que hoy, en el aniversario 159 de su nacimiento, levantemos una copa por Natsume Soseki: el hombre que sobrevivió al abandono infantil, a Londres, a la depresión, y a la academia, para regalarnos algunas de las novelas más honestas y conmovedoras jamás escritas. Un tipo que entendió que la literatura no es para presumir vocabulario, sino para iluminar esos rincones oscuros del corazón humano que preferimos ignorar. Y que, por cierto, sabía que a veces la mejor manera de entender a la humanidad es verla a través de los ojos de un gato arrogante.

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