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Artículo 6 feb, 04:57

Fanfiction: ¿Vergüenza secreta o el gimnasio donde nacen los genios literarios?

Confesémoslo: todos hemos escrito fanfiction. O al menos lo hemos leído a escondidas, borrando el historial del navegador como si fuera evidencia criminal. Pero aquí viene la bomba que nadie quiere soltar en las cenas literarias elegantes: algunos de los autores más exitosos del siglo XXI empezaron exactamente así, tecleando frenéticamente sobre qué pasaría si Harry Potter y Draco Malfoy fueran compañeros de cuarto en la universidad.

La pregunta incómoda que divide a la comunidad literaria no es si el fanfiction tiene valor, sino por qué seguimos fingiendo que no lo tiene. Porque mientras los puristas arrugan la nariz, el fanfic ha producido bestsellers que han vendido millones de copias y han generado imperios mediáticos.

Empecemos por el elefante en la habitación: "Cincuenta sombras de Grey". Sí, ese libro que tu tía esconde debajo del colchón empezó como un fanfic de Twilight llamado "Master of the Universe". E.L. James simplemente cambió los nombres de Edward y Bella, ajustó algunos detalles, y boom: 150 millones de copias vendidas. ¿Vergonzoso? Tal vez. ¿Efectivo como escuela de escritura? Absolutamente innegable.

Pero no nos quedemos en ejemplos contemporáneos. ¿Sabías que "El paraíso perdido" de John Milton es, técnicamente, fanfiction bíblica? Milton tomó personajes de un texto existente y les dio su propia interpretación. Lo mismo hizo Jean Rhys con "Ancho mar de los Sargazos", que reimagina la historia de la loca del ático de "Jane Eyre". Y nadie llama a estas obras "literatura de segunda categoría".

El fanfiction funciona como entrenamiento por una razón pedagógica brillante: elimina la parálisis del lienzo en blanco. Cuando empiezas a escribir, crear un mundo desde cero, con personajes complejos y reglas internas coherentes, es abrumador. El fanfic te regala los andamios: ya tienes el universo, los personajes, las dinámicas establecidas. Tu único trabajo es contar una buena historia. Es como aprender a conducir en un simulador antes de salir a la autopista.

Las plataformas como Archive of Our Own, Wattpad y FanFiction.net funcionan como talleres literarios gratuitos y despiadados. Publicas un capítulo y en horas tienes retroalimentación. A veces es "¡OMG amo esto!", otras veces es "tu caracterización de Hermione es completamente inconsistente con el canon". Ambas respuestas enseñan algo. La primera te dice qué funciona emocionalmente; la segunda te obliga a estudiar más profundamente a los personajes que usas.

Hay otro beneficio que nadie menciona: el fanfiction te enseña a escribir para una audiencia real, no para un profesor o un taller donde todos son amables por obligación social. Los lectores de fanfic son brutalmente honestos. Si tu ritmo narrativo es lento, abandonan. Si tus diálogos suenan falsos, te lo dicen. Si tu romance es forzado, lo destrozan en los comentarios. Esta retroalimentación inmediata y sin filtros vale más que cualquier curso de escritura creativa de quinientos euros.

Ahora, seamos honestos sobre las limitaciones. El fanfiction puede convertirse en una zona de confort peligrosa. Si después de escribir un millón de palabras sobre los personajes de otros sigues incapaz de crear los tuyos propios, tienes un problema. Es como un músico que solo toca covers: impresionante técnicamente, pero ¿dónde está tu voz? El fanfic debe ser trampolín, no destino final.

También existe el riesgo de desarrollar vicios narrativos. Muchos fanfics dependen excesivamente del conocimiento previo del lector. No necesitas describir a Sherlock Holmes porque todos saben cómo es. Pero cuando escribas tu propia obra, esa muleta desaparece. El escritor que solo ha escrito fanfic a veces olvida cómo presentar personajes desde cero.

La clave está en usar el fanfiction conscientemente como herramienta de aprendizaje. Escribe ese crossover ridículo entre Star Wars y Orgullo y Prejuicio, pero pregúntate: ¿qué estoy practicando aquí? ¿Diálogos? ¿Construcción de tensión? ¿Escenas de acción? Cada historia, por absurda que parezca, puede tener un objetivo pedagógico.

Cassandra Clare, autora de la saga "Cazadores de sombras" que ha vendido más de cincuenta millones de libros, fue una figura prominente en el fandom de Harry Potter. Rainbow Rowell, cuya novela "Fangirl" explora precisamente este mundo, ha hablado abiertamente sobre cómo el fanfiction formó su voz narrativa. Marissa Meyer, autora de "Crónicas lunares", empezó escribiendo fanfic de Sailor Moon. El patrón es claro: el fanfiction no impide el éxito literario profesional.

Pero aquí viene mi opinión controvertida: el fanfiction no es solo un escalón hacia la "literatura real". Es una forma literaria legítima en sí misma. La idea de que solo cuenta la originalidad absoluta es una invención relativamente moderna. Shakespeare adaptaba historias existentes constantemente. Los mitos griegos eran reinterpretados por cada generación. La literatura siempre ha sido una conversación, no un monólogo.

Entonces, ¿es el fanfiction vergüenza o escuela de maestría? La respuesta honesta es: depende de ti. Si lo usas como excusa para no arriesgarte nunca con tus propias creaciones, es una trampa cómoda. Si lo usas como gimnasio donde desarrollas músculos narrativos que luego aplicarás en obras originales, es una de las mejores escuelas de escritura que existen. Y es completamente gratis.

Mi consejo final para quien esté leyendo esto mientras tiene quince pestañas abiertas de AO3: no te avergüences. Escribe ese fanfic. Pero mientras lo haces, presta atención. Estudia qué funciona y qué no. Y cuando sientas que los personajes prestados ya te quedan pequeños, atrévete a crear los tuyos. Porque el mundo necesita tus historias, no solo tus versiones de las historias de otros.

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