El ritmo de la frase como instrumento emocional
Cormac McCarthy era maestro de esta técnica. En 'La carretera', las descripciones del paisaje usan frases largas e hipnóticas que sumergen al lector en la monotonía gris del mundo. Pero cuando el peligro aparece, la prosa se fragmenta: 'Se detuvieron. Escucharon. Nada.'
García Márquez hacía lo opuesto con igual maestría. En 'Cien años de soledad', sus frases kilométricas transmiten el paso vertiginoso del tiempo. Pero cuando algo irreversible ocurre, la frase se acorta y el silencio es ensordecedor.
Hay un error que cometen incluso escritores experimentados: usar siempre el mismo patrón rítmico. Algunos escriben solo en frases cortas creyendo que genera tensión constante. No. Genera agotamiento. Es como un músico que solo toca fortissimo: al cabo de cinco minutos, el volumen deja de impresionar. La tensión nace del contraste, no de la repetición.
Ejercicio avanzado: asigna un patrón rítmico a cada personaje. Un personaje ansioso piensa en frases rotas y breves. Uno contemplativo, en períodos largos y fluidos. Un personaje que miente construye frases artificialmente ordenadas, demasiado perfectas. Esta técnica sutil hace que el lector distinga voces narrativas sin etiquetas explícitas.
Recuerda: cada punto es una respiración. Cada coma, una pausa. Eres compositor tanto como escritor, y la partitura de tu texto determina si el lector siente urgencia, melancolía, terror o asombro.
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