Un monje tradujo el Quijote al náhuatl en 1680 — y nadie lo sabía hasta ahora
Un equipo de investigadores del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM ha revelado un descubrimiento que podría reescribir la historia de la recepción literaria en América Latina: un manuscrito de 342 folios hallado en el antiguo convento franciscano de Huejotzingo, Puebla, que contiene lo que parece ser la primera traducción del Quijote a una lengua indígena americana.
El manuscrito, atribuido al fraile franciscano Andrés de Olmos el Joven —sobrino nieto del célebre gramático del náhuatl—, está fechado en 1680, apenas 65 años después de la publicación de la segunda parte de la novela de Cervantes. Pero lo verdaderamente extraordinario no es solo la traducción en sí, sino lo que el fraile hizo con ella.
«No se limitó a traducir», explica la doctora Lucía Mendoza Tlatilpa, quien lidera el equipo de investigación. «Fray Andrés añadió tres capítulos completamente originales en los que Don Quijote llega a la Nueva España, confunde los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl con gigantes encantados y entabla un diálogo filosófico con un tlamatini, un sabio nahua, sobre la naturaleza de la locura y la sabiduría».
El manuscrito fue encontrado durante trabajos de restauración del convento, oculto dentro de un doble fondo en una caja de madera que contenía otros documentos litúrgicos. Los folios, escritos en tinta de huizache sobre papel de amate europeo, se encuentran en un estado de conservación que los especialistas califican de «milagroso».
Lo que más ha sorprendido a los lingüistas es la calidad literaria de la traducción. «El náhuatl clásico es una lengua de enorme riqueza poética», señala el doctor Natalio Hernández, especialista en literaturas originarias. «Fray Andrés no solo entendió el humor cervantino, sino que encontró equivalentes culturales nahuas. Donde Cervantes escribe sobre caballeros andantes, él habla de guerreros águila errantes. Los molinos de viento se convierten en remolinos de Ehécatl, el dios del viento».
El hallazgo plantea preguntas fascinantes sobre la circulación de la literatura europea en las comunidades indígenas del periodo colonial. ¿Existieron lectores nahuas del Quijote en el siglo XVII? ¿Fue esta traducción alguna vez leída en voz alta en las escuelas conventuales?
La UNAM ha anunciado que publicará una edición facsimilar bilingüe náhuatl-español para finales de 2026, con un estudio introductorio de más de 200 páginas. Mientras tanto, los tres capítulos añadidos por fray Andrés ya están generando un intenso debate académico: algunos cervantistas los consideran la primera fan fiction documentada de la historia, mientras que otros prefieren verlos como una obra de literatura náhuatl autónoma que dialoga con el canon europeo.
«Sea como sea que los clasifiquemos», concluye Mendoza Tlatilpa, «estos folios demuestran algo que muchos ya sospechábamos: que la imaginación literaria no reconoce fronteras de lengua ni de imperio. Don Quijote, al parecer, siempre estuvo destinado a cabalgar también por tierras mexicanas».
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